Las obras de reforma del interior del emblemático edificio de la Obra Pía de Infiesto para acoger el museo del reloj están prácticamente finalizadas. Después de una reparación del tejado, una limpieza integral y un repintado de la fachada, se adaptó la planta baja para habilitar una primera sala de 350 metros cuadrados, que acogerá los relojes de mayor porte y a la que se sumará una muestra de las mejores piezas. Los 56.000 euros que pudo obtener el Ayuntamiento de la Comarca del Sueve esta anualidad no dan para mucho más. El alcalde confirmaba ayer que su intención era abrir el museo antes de Semana Santa, pero también encontrar más fondos para completarlo en próximos años.
Así, se prevé que en el futuro habrá otra sala de 150 metros cuadrados en la segunda planta y una tercera de 350 metros cuadrados más en la tercera, unos 850 metros cuadrados de espacio expositivo. Así, se calcula que una vez que esté concluido, el museo piloñés podrá llegar a exponer unas 5.000 piezas en total, distribuidas en tres salas temáticas, una por planta. El complejo contará con una pequeña sala de conferencias, además de otros espacios dedicados a administración y almacén. También tendrá, cómo no, un taller de restauración. Porque el principal objetivo de la Asociación Avagar, que es quien aporta los fondos y dirige el proyecto, es el de la conservación y recuperación de los relojes en Asturias. Pieza interesante que cae en sus manos, pieza que recuperan laboriosamente. En estos momentos, entre los apenas diez miembros que componen el club, acumulan unas 11.000 piezas relacionadas con la relojería que guardan en sus propias casas, en almacenes y en cajas de seguridad de diferentes entidades. Por eso, desde hace años su principal objetivo es encontrar un lugar en el que poder mostrarlas al público. Y parece que por fin lo han conseguido.
¿Y qué se podrá ver en este museo? Pues desde los más grandes relojes de torre o campanario hasta las miniaturas más curiosas, pasando por máquinas de pared, de sobremesa, de pulsera o de bolsillo. Pero también herramientas que se usaban para confeccionarlos y un gran archivo documental sobre el arte de gobernarlos. Enciclopedias de relojería, planos originales, documentación... Y hasta un reloj de sol del siglo XVII, diseñado para una altitud superior a los 600 metros sobre el nivel del mar y que estaba instalado en una fachada de una capilla piloñesa. Otra de las piezas más valiosas es una clepsidra que aún está a la espera de datación, pero que podría tener unos dos mil años de antigüedad.
Sólo por poner algunos ejemplos, el museo contará con relojes de torre como el procedente de la iglesia de Miyares, restaurado hace años por Avagar y que fue instalado en 1905; un grupo de relojes Morez de finales del siglo XIX, cada uno de ellos con características que los convierten en piezas únicas; dos relojes de estación de tren de principios del siglo XX; una ingente colección de relojes de bolsillo fabricados entre 1800 y 1950; un reloj de la Selva Negra del siglo XIX; un París Gigante de sobremesa con péndulo compensado mediante mercurio; un reloj cubano Cuervo y Sobrino de sobremesa de los años 20 del siglo pasado; o piezas tan curiosas como máquinas de fichar en empresas. Cualquier cosa que tenga una maquinaria en su interior y que sirva para medir el paso del tiempo tiene un hueco en la colección que ofertará Piloña a los turistas, pero también a escolares, investigadores y curiosos.
El proyecto del museo del reloj de Piloña es una idea de largo recorrido. El presidente de Avagar, Pedro Suárez Penel, lleva más de diez años dándole vueltas a la cosa y acumulando material de gran valor. Le expuso la idea al anterior alcalde, el popular Juan Roberto Pérez, y el proyecto echó a andar. Sin embargo, nunca parecía concretarse. Hasta tal punto que la asociación se hartó de esperar y se planteaba montar el edificio en otromunicipio. Ofertas les llegaron, aunque finalmente el impulso del asturianista 'Allende' y el propio Camilo Montes cuando llegó a la alcaldía permitió a Avagar mantener su sueño en Piloña.