27/08/2010
La cueva-exposición del Cares, junto al río del que toma su nombre, va camino de las 18.000 visitas. En lo que va de año, un total de 17.729 personas han recorrido la pequeña galería natural donde se narra el pasado y presente de la historia del queso de Cabrales. La cifra abarca el periodo comprendido entre el 1 de enero y el 21 de agosto, tramo que en 2009 dejó un registro de 13.302 entradas. En términos porcentuales, la diferencia supone un incremento del 34 en el número de visitas a la instalación que gestiona la Fundación del Queso de Cabrales. Los datos facilitados por esta entidad arrojan, además, la previsión de que este aún inconcluso mes de agosto que marca el mayor registro mensual del año, supere al mismo periodo del año anterior, cuando hubo 8.534 visitas.
La Fundación calcula una media de entre 250 y 300 visitantes diarios. Los que eligieron la jornada matutina de ayer tuvieron la oportunidad, además, de hacerlo gratis. Como viene siendo habitual cada últimos de agosto y en vísperas de la celebración del afamado concurso quesero local, la cueva-exposición del Cares organizó varios pases gratuitos. Una de las visitas realizadas ayer a la gruta corrió a cargo del guía Isaac Hernández. Él fue el encargado de acercar a uno de los grupos de 24 visitantes las tradiciones del pastoreo en los Picos de Europa, el modo de vida de los pastores de antaño y la trashumancia de sus rebaños del puerto al valle. También de cómo se elaboraba antaño el emblemático queso azul cabraliego y cómo ha evolucionado el proceso con la implantación de las modernas queserías manteniendo, eso sí, algo exclusivo de este manjar como es la maduración en cuevas naturales del concejo.
Una visita bajo roca comentada y articulada a través de una serie de paneles y objetos ilustrativos de la historia del Cabrales que termina, ya en el exterior, con la proyección de un vídeo divulgativo que trata de presentar al espectador el resultado de un modo de vida, el queso, retrotrayéndole a las características orográficas del territorio, a la distribución de la alta y media montaña determinante de la base de la economía familiar de generaciones de cabraliegos, el pastoreo y el queso. La visita de ayer, como la de cualquier día de apertura, se cerró con una degustación de este producto y su derivado directo, la crema de Cabrales.
El paso por este museo da la oportunidad al visitante de aclarar dudas sobre un queso complejo, de sabor y aroma intenso. Una de las más habitualmente despejadas es que el Cabrales no admite más lugar de maduración que la cueva natural y las que emplean los queseros para curar la producción están cerradas al público con el fin de preservar las condiciones de humedad que posibilita el desarrollo del hongo característico de este queso. Tras la visita es frecuente que el turista pida que le recomienden una quesería donde efectuar sus compras, recomendación que desde la cueva del Cares declinan individualizar e invitan a visitar cualquiera de las queserías distribuidas por el concejo, de las cuales salen cerca de 500.000 kilos de queso al año.
El queso de Cabrales está amparado por la Denominación de Origen Protegida desde 1.981.