Algo más que la Prehistoria europea, es lo que define a Ribadesella. Antes que el hombre paleolítico riosellano existiera, los dinosaurios que caminaban por este concejo, nos dejaron sus huellas en las piedras de sus costas, a escasos metros de las playas donde tomamos el sol o hacemos windsurf. En la Edad Media y hasta entrada la Moderna, el puerto del concejo fue un tráfago de peregrinos y mercancías, venidos de los reinos de Francia y centroeuropa. Los primeros iban a Santigo y las mercancías a diversos lugares de la geografía del Oriente. Hoy no tiene parangón un paseo por el barrio medieval de la villa y por sus paseos marítimos de Santa Marina, de la bocana y el puerto y del camino de la ermita de La Guía. Ribadesella es solera, distinción y buena gastronomía.