Compartido con otros concejos limítrofes, enraizado desde lo inmemorial en el concejo de Piloña, existe en esta zona un elemento natural, digno de ser conocido que se confunde ya con la cultura propia de estos paisajes: el caballo asturcón. La raza equina autóctona y ancestral de Asturias. Su color negro azabache, su abundante crin, su planta menuda y fibrosa, su fortaleza y agilidad, su resistencia ya fueron conocidas y apuntadas por las crónicas de los antiguos romanos. Estos caballos se utilizaron en contiendas bélicas de la antigüedad y una vez domados desde la noche de los tiempos fueron utilizados por las gentes de esta zona del oriente asturiano para diversos fines agrícolas y ganaderos. Llegaron a ser tan apreciados para las tareas del campo y del monte que fueron exportados a Francia y a Irlanda. Con la mecanización del campo y la motorización del transporte esta raza equina llegó casi a desaparecer en el siglo XX, hoy gracias a la labor de la Asociación de Criadores de Poni de Raza Asturcón de Sueve y de la Asociación de Criadores de Poni de Raza Asturcón, esta maravilla de la fauna prehistórica sobrevive en los montes de la Cordal de El Sueve, en completa libertad y estado salvaje, constituyendo un símbolo de Asturias, tanto quizás, como los hórreos, la sidra, la montera picona u otros. Uno de los lugares privilegiados de observación de este caballo es en su entorno natural de las majadas de la Sierra de El Sueve.
La Leyenda: hubo quien, perdido en las nieblas y la anochecida en la Cordal de El Sueve pasó por la experiencia de ver “como la sombra azabache” de un caballo con la estampa del asturcón, pero cuyos ojos chispeaban en un color rojo brillante. El misterioso animal se paraba a su lado agachando su grupa, como invitándole a montar.
Eso sucedía antaño y los que subieron, contaban que el caballo los había conducido a través de la borrina (niebla), dejándolos a la puerta de sus casas en las aldeas donde vivían, o en las cabañas de pastores donde pernoctaban. El caballo fantasmagórico desaparecía como por ensalmo nada más cumplir su misión de guiar al montañés perdido. La verdad que si uno se fija bien en un buen ejemplar de caballo asturcón le puede dar una buena dosis de vértigo histórico y la sensación del arcano de un tiempo tan antiguo como las piedras de El Sueve.
