Pronunciar el nombre de Amieva, es evocar lo bucólico. Si alguien alguna vez se imaginó un retiro idílico en una verde placidez montañosa, se le apareció Amieva, cuyo topónimo nos traslada a épocas perdidas en el tiempo. Turismo verde, de calidad. Montaña, ríos, balnearios, casas de aldea, remansos de paz. Gastronomía del queso y otros platos de la tierra. El río Dobra, con su puente medieval como colofón a una ruta, agota las posibilidades espirituales y deportivas del viajero. Amieva parece obra de sus artesanos que heredaron de los antiguos dioses las sanas artes de hacer de lo natural un hábito profesional.
